Cocinar hizo al hombre

(Barcelona, Editorial Tusquets, 1979, 170 pp.).

Cocinar hizo al hombre es un libro atípico, porque no responde exclusivamente, como los demás de F. Cordón, al esfuerzo por profundizar en un problema biológico determinado, sino que es más bien un ensayo de divulgación de sus ideas sobre el origen del hombre entre el público culto no especializado.

En el capítulo primero (“Un problema de filosofía natural”) se aborda el problema del origen del hombre, proporcionando las nociones imprescindibles para entender la evolución de los animales y su medio, y resaltando la necesidad de aplicar a los seres vivos que constituyen el nivel animal las dos leyes evolutivas que conciernen al mecanismo por el que el medio de una especie determina la evolución de la misma: el gobierno de la evolución por los seres vivos de nivel de integración energético-material más alto; y la modificación directa por el medio -en la evolución de los seres vivos de cada nivel- de la conducta del ser vivo (como lo congruente con él), de su configuración somática en función de la misma, y, sólo finalmente, de la selección de las estirpes más capaces.

En los capítulos segundo, tercero y cuarto (“De cómo un mono fue expulsado del árbol”; “El mono se puso de pie y adaptó el útil”; y “La cocina enseñó a hablar, y así modeló al hombre”) se explica la historia evolutiva próxima de la que surgió el hombre, con sus tres episodios históricos básicos, aplicando las nociones y las leyes evolutivas adelantadas en el primero. De ese modo se enriquece lo expuesto en Conversaciones con Faustino Cordón con nuevos datos y precisiones conceptuales y teóricas, especialmente en lo concerniente a la naturaleza y la dificultad de la actividad culinaria y a la trascendencia evolutiva de la cocina para el porvenir del homínido, al constituirle en autótrofo y ponerle en condiciones de adquirir la capacidad de hablar, de devenir hombre.

El tema de “La cocina bajo la palabra” se desarrolla más ampliamente en el capitulo quinto. En principio, la cocina transforma cualitativamente la actividad culinaria previa del homínido: posibilita el progreso de la actividad animal desde el objetivo animal (dependiente del apremio del hambre, del azar y de la acción directa) al proyecto previo (dependiente de la cooperación en el grupo, y al abrigo de lo fortuito y sobre todo de la interferencia entre las especies); y acaba dando origen a la palabra, que, en cierto sentido, confiere la facultad de proyectar, para sí y para los demás, acciones complejas cuyas últimas fases no estén informadas directamente por los datos de los sentidos. Desde que surge, la palabra fomenta el progreso de la práctica culinaria hasta constituir el primer tesoro de conocimientos empíricos transmitido por los pueblos primitivos. Por lo demás, la dialéctica entre el progreso de la palabra (con su aplicación a toda actividad previa y con el aumento de los recursos idiomáticos) y la complicación de las pautas de cooperación (en función de proyectos de cooperación cada vez más amplios), culmina con la transformación de la horda del homínido en una sociedad humana y con la hegemonía del hombre sobre las demás especies animales.

Por último, en el capitulo sexto “El futuro de la cocina“, se contrapone el hedonismo y la felicidad a la luz de la definición de la naturaleza del hombre por su origen.

Faustino Cordón: claves de su pensamiento.

Rafael Jerez Mir.

Cocinar hizo al hombre